LAS REDES SOCIALES, LA PRINCIPAL ARMA TERRORISTA DURANTE LA PANDEMIA DE COVID-19

Grupos violentos no estatales, incluidos terroristas, extremistas de derecha y del crimen organizado como los carteles mexicanos, han utilizado las redes sociales maliciosamente para reforzar sus agendas durante la pandemia de COVID-19, revela un nuevo informe del Instituto de Investigación Interregional sobre Crimen y Justicia de las Naciones Unidas.

Según el estudio, estos grupos han diseminado intencionadamente teorías conspirativas sobre el origen del COVID-19 que generalmente atribuyen a los gobiernos, determinadas etnias o religiones, supuestas redes secretas, compañías o empresarios, que, según ellos, tienen objetivos como la aniquilación de la población, el control mundial o enriquecerse mediante la venta de vacunas y tratamientos. En todos estos casos, los grupos afirman tener “el verdadero conocimiento” sobre el origen del COVID-19.

Los mensajes a menudo se personalizan para coincidir con la audiencia y las ideologías de estos actores violentos no estatales. Por ejemplo, en grupos de extrema derecha de Estados Unidos han circulado teorías que culpan a los inmigrantes y extranjeros como los responsables de propagar al virus.

La Asociación de Patrimonio Europeo de Nueva Jersey (NJEHA) compartió una campaña donde colocaron pegatinas con consignas como “Alto al coronavirus – a deportar todos los extranjeros ilegales”, “migrantes aceptados y ahora estamos infectados”, y “el virus son las fronteras abiertas”. Otros grupos han adoptado narrativas similares y las han mezclado con mensajes anti islámicos y antisemitas.

Personas asociadas al ISIS y Al-Qaeda también han difundido teorías de conspiración que afirman que el virus es un “soldado de alá” que está castigando a los incrédulos y a los enemigos de los musulmanes. Los grupos terroristas han dicho que el COVID-19 es la ira de Dios sobre el Occidente. De manera similar, Al-Shabaab declaró que la enfermedad del coronavirus se transmite como “el soldado más pequeño de Dios”.

LOS OBJETIVOS DE LOS GRUPOS VIOLENTOS

Según el informe, estas teorías están dirigidas a socavar la confianza en los Gobiernos, y al mismo tiempo a reforzar narrativas extremistas como una estrategia de reclutamiento.

Por ejemplo, el grupo supremacista Blanche Europe ha dicho que la solución a la crisis de salud es exterminar a las poblaciones inmigrantes y evitar que las minorías éticas reciban tratamiento médico. Este grupo además culpó al Gobierno de Francia por no actuar rápidamente para prevenir la crisis y no priorizar a las “familias blancas”.

AlShabaab en Somalia también difundió desinformación distorsionando la naturaleza del virus y usándolo como motivación para continuar sus violentos ataques. El portavoz pidió la expulsión de todas las fuerzas extranjeras luego de afirmar que los incrédulos están propagando deliberadamente el COVID-19. En particular, culparon a la Misión de la Unión Africana en Somalia (AMISOM) desde que se reportaron los primeros casos de COVID-19 en la base de Halane.

Un segundo objetivo de los actores no estatales es incrementar el “terrorismo inspirado” o la motivación de los terroristas auto-radicalizados para perpetrar ataques reales. Hay casos en los que grupos de extrema derecha, como CoronaWaffen, pidieron explícitamente a sus seguidores que propagaran el virus tosiendo en su minoría local o asistiendo a lugares específicos donde se reúnen minorías religiosas o raciales.

Otros grupos, como Eco-Fascist Central, abogan por propagar la enfermedad del coronavirus en países con grandes poblaciones o altos niveles de contaminación. Además, CoronaWaffen ha publicado varias encuestas en línea en las redes sociales y aplicaciones de mensajería preguntando a las personas si habían propagado el virus como se les indicó.

Un ejemplo de “terrorismo inspirado” lo representa Timothy Wilson, quien, el 24 de marzo de 2020, recibió un disparo de la Oficina Federal de Investigaciones de los Estados Unidos (FBI) en Kansas City cuando planeaba detonar una bomba en un hospital que atendía a pacientes con coronavirus. Wilson participó activamente en al menos dos canales neonazis de Telegram y mantuvo comunicación con un soldado de infantería del ejército que quería planear un ataque a una importante red de noticias estadounidense y discutió sobre apuntar a un candidato presidencial demócrata. El último comentario en línea de Wilson fue un mensaje antisemita sobre el origen de COVID-19.

La influencia en línea de estos grupos extremistas también se puede observar en una serie de ciberataques perpetrados en abril de 2020, cuando 25.000 emails y contraseñas que supuestamente pertenecían a los Institutos Nacionales de Salud, la Fundación Gates y la Organización Mundial de la Salud, fueron difundidas en la red por grupos de extrema derecha.

UNA OPORTUNIDAD PARA LOS CARTELES EN MÉXICO

Un tercer objetivo estratégico, según el estudio, es promover una imagen positiva de organizaciones durante las pandemias como un reemplazo viable de las instituciones de salud y como un actor político responsable. En algunos casos, los actores no estatales se han aprovechado de la frágil situación socioeconómica debido a la crisis, que ha llevado a un aumento de los precios y una reducción de la disponibilidad de alimentos.

Algunos grupos criminales han intentado desempeñar el papel de las instituciones gubernamentales y oficiales dentro de los territorios donde tienen una fuerte presencia adoptando estrictas medidas de salud, como encierros, o apoyando directamente a la población con desinfectantes y alimentos. Sin embargo, el objetivo principal de estos grupos no es proteger a la población local, sino proteger sus intereses criminales, ya que les preocupa que una gran crisis de salud pueda provocar la llegada y la participación de las fuerzas del orden o del ejército en las áreas bajo el control del crimen organizado y, como resultado, poner en peligro sus actividades ilegales. Estos “servicios” han sido ampliamente promocionados a través de las redes sociales.

Por ejemplo, en México, los grupos delictivos han etiquetado las cajas de ayuda que han distribuido con el nombre o logo de la organización y, posteriormente, promovido sus acciones en las redes sociales y en las noticias. Este es el caso del Cartel del Golfo que distribuyó paquetes de ayuda con alimentos y desinfectantes en Tamaulipas, colocando en cada caja una calcomanía que indica el nombre del cartel y de su líder. Una de las hijas de Joaquín Guzmán Loera (El Chapo), líder histórica del Cartel de Sinaloa, también distribuyó víveres con la imagen de su padre a los ciudadanos de Guadalajara, Jalisco.

También se han producido casos similares en otros países de América Latina, así como en Italia, Sudáfrica y Japón. Después de distribuir comida en un barrio de Palermo, Sicilia, el hermano de un líder narcotraficante hizo un llamamiento a otros en Facebook para que siguieran su ejemplo. Cuando un periodista reportó la noticia en un diario italiano, el hermano del criminal respondió enfáticamente en Facebook que “el Estado no quiere que hagamos caridad porque somos mafiosos” y luego amenazó al periodista.

La actual crisis económica creada por COVID-19 además está facilitando en gran medida las posibilidades de que los grupos criminales adquieran el control y la propiedad directa o indirecta de empresas legítimas. La crisis financiera y la potencial quiebra de varias empresas, comercios y actividades económicas podrían representar oportunidades para que el crimen organizado penetre e infiltre la economía legal, advierte el informe.

En México, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), en colaboración con otros cárteles como La Nueva Familia Michoacana y Los Granados, incrementó la producción de medicamentos falsificados en el país con la intención de obligar a las pequeñas y medianas farmacias a vender sus productos y empresas a los carteles de la droga en los estados de Guanajuato, Jalisco, Guerrero y Michoacán.

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