LA NIÑA DEL CANTARO

Esta leyenda ocurrió en la época de la temible Santa Inquisición, por lo que la gente cuidaba mucho de lo que hablaba y sobre todo de sus actos, sobre todo cuando se dirigían de los demás.

En esa época, vivió una jovencita muy amble y muy dulce, y como ella como su familia eran muy pobres, ella para ayudar salía a los caminos cercanos con un cántaro lleno de agua, la cual ofrecía a los caminantes siempre con una sonrisa en sus labios.

La gente al tomar de su agua, al momento se sentían reconfortados y su sed desapareció de inmediato, y la gente que tomaba de su agua le daban de recompensa, ya fueran algunas monedas o algo que podía ayudar a la niña, para ella y su familia.

Al terminar el agua de su cántaro, la niña llegaba a su casa feliz, ya que siempre llegaba con granos, frutos y verduras y a veces con algunas monedas, los cuales preparaba con mucho amor, y de ellos salían platillos exquisitos. Su familia quedaba maravillada por lo que su hija lograba hacer con lo que le daban y al igual que la gente que tomaba de su agua, su familia le daba las gracias, pero la buena niña, solo sonreía.

Pero como la fama de la niña creció por su agua milagrosa, la gente empezó a decir que la pequeña era una pequeña bruja, y que su agua estaba embrujada, ya que la gente que llegaba muy cansada y tomaba de su agua al instante se reconfortaba, y eso indicaba que el agua estaba embrujada,

Así que la gente envidiosa, fue ante la Santa Inquisición a denunciar a la pequeña, la cual seguía ofreciendo su agua sin ninguna malicia ni mala intención.  Así que un día inesperado para la niña, mientras comía con su familia, llegaron unos hombres a su humilde casa y se la llevaron para presentarla en la ciudad. La niña no supo jamás cual fue el daño que según ella había hecho, ya que ella solo ofrecía agua a los caminantes que pasaban por su lado.

Al cabo de unos días en que la niña se encontraba retenida, sus verdugos sin esperar sentencia, decidieron torturarla con agua, ya que ellos decían que una niña que hechizaba y embrujaba con agua, debía de ser castigada con el mismo líquido.

Para la pobre niña, empezaron sus días de tortura, ya que el malvado verdugo, ponían a la pequeña en una cama de piedra y le ponía un trapo húmedo en la boca, y lo sacaba hasta que la niña comenzaba a dar muestra de ahogo pero repetía su misma acción por varias veces, la pobre niña, con sus lagrimas y sus ojos desorbitados esperaba la brusquedad de su verdugo.

El despiadado verdugo, no se tentaba el corazón para aumentar sus insultos y sus burlas, y fue tanta su saña, que tomo un cántaro lleno de agua y  vacio en la boca de la niña, la cual murió ahogada, sin saber jamás cual había sido su pecado para tal martirio.

La pobre niña fue enterrada en las afueras de la ciudad en un lugar despoblado y abandonado, ya que en ese tiempo a las personas que consideraban brujas o hechiceros, no podían ser sepultados en un camposanto.

Con el paso de los días, la gente empezó a decir que donde la niña del cántaro había sido enterrada, había nacido un pequeño arroyo y que su agua quitaba la sed de inmediato y se llego a decir que también sanaba a gente enferma.  Otros más decían que la niña del cántaro se presentaba en el camino, ofreciendo su agua del mismo arroyo y que sanaba las penas del alma y que siempre sonreía y que ella se veía muy feliz.

Su familia no volvió a saber nada de ella, pero en la puerta de su casa, aparecía por las mañanas frutos, semillas y algunas veces monedas, con lo que se ayudaban para sobrevivir.La madre de la niña como toda su familia, tomaban las cosas y daban las gracias.

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