¿Y tú quién eres?, ¿por qué miras así?”

Palabras cortas que todo ser, debe aprender a responderse a sí mismos.

Preguntas sencillas, pero que encierran un respuesta tan extensa de cada quien.

Tú las has preguntado, o mejor dicho te las has respondido tú mismo.

¿Y tú quién eres? 

¿Por qué miras así?

Pregúntatelas seguido, y verás que cada respuesta es diferente, cuando te contestes.

Si las entiendes, esas 2 sencillas preguntas, serán tu deja vivir, serán tu descubrimiento de tu yo verdadero.

“¿Sabes en realidad quién eres tú?

¿O sabes porque tus ojos miran así?

Respóndete y pregúntate cuantas veces quieras.

Conócete y aprende a convivir contigo mismo.

Dichosos los que entiendan.

Detenido en aquel centro mercader, al calor del medio día en la ciudad de Gala, Yeshua, con piezas de adorno corporal en sus manos, solo los miraba, cuando aquel mercader de esas piezas, preguntó.

“Te gustan, págalas”

Yeshua sin decir nada, solo las tocaba con sus manos, aún sin decir nada.

El mercader al ver su indiferencia, preguntó de nueva cuenta.

“Si te gustan, te las doy baratas.”

Yeshua, reaccionando con una sonrisa, continúo tocándolas con sutileza, mirando a los ojos del mercader dijo.

“Bellas piezas hermano, cuánto valen.

El mercader, contestó.

“Cuanto traes, o que me das”

Yeshua, habló con su sonrisa.

“Denario, no traigo mucho, pero puedo pagarlas con trabajo para ti”

El mercader con enojo, le dijo.

“¿Quién te crees?”

Arrebatando las piezas de las manos de Yeshua, continúo diciendo.

“¿Quién eres tú, para merecer esto?”

“Deja de tocar, si no compras nada y vete”

Yeshua, mirándolo fijamente a sus ojos, le contestó

“Tienes razón, partiré, pero antes de irme te digo a ti.”

“En realidad ¿quién eres tú?”

“¿Por qué miras así?, si daño no he hecho”

”Gracias y buen día”

Al decir esto, Yeshua dio la vuelta, para partir.

A los 3 días, de nueva cuenta, Yeshua, pasó de nueva cuenta, Yeshua pasó por ese centro mercader, cuando interrumpido por aquel mercader grosero fue.

“Disculpa hermano, hacia donde vas.”

Yeshua, deteniendo su paso le contestó.

“Voy donde mi corazón me diga”

Aquel mercader, con mirada cabizbaja, le dijo.

“Yo he sido grosero contigo, y disculpas te pido.”

Yeshua, interrumpiendo habló”

”No hay disculpa que valga sin sentir.”

El hombre aquel, sacando de su bolsa aquellas piezas, que a Yeshua le habían gustado, dijo.

“Toma, llévalas contigo”

Yeshua, sonriendo a su acción, le dijo.

“Pero hermano, no tengo denario y no soy nadie para merecer eso”:

El mercader, poniéndolas  en sus manos dejara.

“Me pregunté quien soy, y me contesté, que era un abusivo intolerante”

“Me pregunté el por que mire así a tu persona, si no me hiciste nada, y me respondí que mi ignorancia cegó mis ojos la verdad y  coherencia, y no vi al hijo de Dios”

”Por eso pido perdón”:

Yeshua, tomó las piezas en sus manos, las beso con una sonrisa, devolviéndoselas después, diciendo.

“El mejor regalo tuyo a mi persona, es el saber que te preguntaste y respondiste, a ti mismo”.

Yeshua, poniéndolas ahora en manos del  mercader, terminó diciendo.

“Se justo y venderás más”:

”Guárdalas para regalarlas a tus generaciones, y recuerda esto como tu interior.”

El mercader, con mirada arrepentida, pero al mismo tiempo emocionado, guardó aquellas piezas en sus ropas, hasta el último día de sus vidas.

Piezas las cuales han pasado de manos en manos, pero que enseñaron a un mercader a conocerse en realidad, piezas que incitaron 2 preguntas, y 2 grandes respuestas.

Dichosos los que entiendan.

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