Como todos sabemos el grito de la Independencia proclamado por el cura Miguel Hidalgo y Costilla, se realizó en la madrugada del 16 de septiembre de 1810, ya que habían sido descubiertos los planes de levantamiento en Querétaro, la historia cuenta   que la señora Josefa Ortiz de Domínguez corregidora del estado,  fue quien a través de la cerradura se comunicó con Ignacio Pérez, a quien instruyo, para que en forma rápida llevara un urgente recado a Allende, que se suponía se encontraba en San Miguel, avisándole que la conspiración había sido denunciada y descubierta.

El día 18 de septiembre de 1810 Don Juan Antonio de Riaño y Bárcena, Intendente Corregidor de Guanajuato, tuvo conocimiento de la revolución iniciada en el Pueblo de Dolores por el señor Cura Don Miguel Hidalgo y Costilla, por lo que desde luego dispuso preparar la defensa de la ciudad, pero convencido de que el pueblo minero simpatizaba con el movimiento de independencia, determino encerrarse en la Alhóndiga para resistir el ataque, mientras llegaba en su auxilio el Brigadier Félix María Calleja, comandante militar de san Luis Potosí, quien estaba alistando un ejército en la Hacienda de la Pila.

El día 24 de ese mes de septiembre, hizo trasladar a la Alhóndiga de Granaditas los caudales del gobierno, consistentes en 309 barras de oro, 160 mil pesos en monedas del mismo metal y 32 mil pesos en onzas de oro, así como también el dinero del Cabildo, algunos depósitos de la minería, la renta del tabaco, la recaudación de correos y algunas sumas de consideración de los particulares que tomaron partido con los defensores de la Alhóndiga convertida en fortaleza, también fueron guardados allí muchas joyas y objetos de valor, ascendiendo a mas de cinco millones de pesos el valor de lo que se deposito en ese lugar. (Alhóndiga significa “Casa Publica destinada para depósito, compra y venta de cereales”). Así mismo previendo que el asedio se prolongara por varias semanas, mientras llegaba el Auxilio el Intendente Riaño hizo llevar al reducto 24 mujeres para que hicieran tortillas y prepararan los alimentos para 630 soldados y paisanos encerrados en ese edificio convertido en fortaleza

Así el, a las nueve de la mañana del viernes 28 de septiembre de 1810 se presentaron en la trinchera de Belén, con bandera blanca, el coronel Mariano Abasolo y el teniente coronel Ignacio Camargo, portadores de la carta de intimación dirigida al Intendente por el Capitán General de los ejércitos Libertadores de América, quien desde la Hacienda de Burras le pedía la plaza, o la tomaría a sangre y fuego sino la entregaba en forma pacífica.

Ante su negativa, a las doce del día comenzaron a entrar a la ciudad, las huestes independientes en cantidad de veinte mil hombres armados con machetes, hondas, y lanzas a quienes seguían los dragones del Regimiento de la Reina que resguardaban San Miguel el Grande y el Pueblo de Dolores, así como los Infantes del Batallón de Celaya todos estos armados con fusiles.

A los primeros disparos de los atacantes, el Intendente Riaño fue muerto cuando subía la escalera de la puerta, después de separarse de la trinchera, fue una bala disparada, que le causo una herida arriba del ojo izquierdo produciéndole muerte instantánea. En seguida la puerta fue cerrada por orden del Capitán Escalera que la defendía, y el asedio comenzó con esa violencia que engendra el odio y la bravura

La Alhóndiga de Granaditas, una fortaleza con  paredes de 1.50 de ancho de piedra de cantera que la hacían impenetrable, ante el fragor de la batalla con desiguales ejércitos y armas, pasaba el tiempo y no lograban penetrar dicha construcción, El General Hidalgo convencido de la necesidad de penetrar en el interior de la Alhóndiga de Granaditas nada omitía para conseguirlo, rodeado de un torbellino del pueblo, dirigió la voz a un hombre joven que estaba allí, cuyas características, sobresalía en las fila de los independientes de aspecto minero cuyo nombre era Juan José de los Reyes Martínez Amaro, conocido como  el  Pípila y le dijo:

–¡Pípila!  La patria necesita de tu valor ¿Te atreves a poner fuego a la puerta de la Alhóndiga? —

La petición era arriesgada, pues era necesario poner el cuerpo en descubierto a una lluvia de balas. Pípila, este gambusino comparable con el carbonero que incendio la puerta de la Bastilla en Francia, dirigiendo la operación que en breve redujo a cenizas y escombros aquel reducto de la tiranía española, sin titubear, dijo que si. tomó al instante una losa ancha de cuartón que arranco de la banqueta de la subida de la calle de los Mandamientos, y colocándosela en la espalda, ayudado por algunos de sus compañeros que allí estaban, lo amarraron; pero antes había sacado de la tienda de La Galarza unas rajas de ocote y una vasija de aguarrás, con eslabón y yesca prendió el ocote y con la tea encendida camino de prisa hasta su posición a rastras para poder llegar a la  puerta de la Alhóndiga, recomendándosele a los honderos que redoblaran esfuerzos arrojando mas piedras para contener un poco los disparos de los sitiados, mientras el arrastrándose, hacia el recorrido hasta llegar a la puerta,

Alguno de los atacantes que lo reconocieron, comenzaron a gritarle:

— ¡Es el Pípila! —

— ¡Adentro, Pípila! —

Puerta que roció con aguarrás y enseguida le puso fuego, y pronto la puerta se convierte en una fuerte hornaza, algunos mineros barrenaban el frente en varios lugares próximos a la puerta para volar con pólvora la entrada, de pronto se desplomó la puerta hecha carbones y cenizas

Así se hizo burlándose de las balas enemigas. No de otra manera obrara un soldado que reuniendo la astucia al valor, haciendo uso del escudo y practicando la evolución llamada de la tortuga. Cuando la puerta se derrumbó convertida en cenizas, aquel alud humano se abalanzó para penetrar al recinto donde el Mayor Diego Berzabal con un  puñado de soldados esperaba contener la avalancha con disparos, pero la defensa se redujo a una descarga de fusilería que ocasionó muchas muertes, cuyas bajas fueron repuestas con la multitud que venía detrás, por ella penetraron los insurrectos con lo que dio principio a la primera gran victoria de la libertad y que los soldados de la independencia recibieron su bautizo de sangre, según la historia  la batalla duro de la una a las cinco de la tarde, de los realistas de los soldados y civiles murieron 205, por parte de los independientes hubo 245 bajas.

Algunos Historiadores entre ello Lucas Alamán, niegan la existencia del Pipila, diciendo que fue obra del contingente del insurgente el incendio de la puerta, sin hacer mas comentario ni dar referencia de la forma en que procedieron para quemarla, ya que ese episodio tiene fulguraciones de trascendencia en esa lucha de emancipación nacional porque es en Guanajuato donde el ejercito independiente cobra su primera batalla pagada con sangre y ganada con bravura y sacrificio.

El Pípila existió como lo demuestran irrefutablemente los documentos del héroe de la epopeya de la gloriosa Alhóndiga de Granaditas de 1810, fue un hombre de condición humilde, nacido en la hermosa Villa de San Miguel el Grande, hoy de Allende, que se avecindo en la opulenta ciudad de Santa Fe, y Real de Minas, de Guanajuato, trabajando como barretero en la mina de Mellado, se casó con María Victoriana Bertadillo, de cuyo matrimonio nacieron tres hijos.

Después sigue a las huestes insurrectas por los caminos de México, participando en los triunfos y en las derrotas.  Al consumarse la Independencia, se reintegra a su hogar de San Miguel el Grande, donde vive pobre, olvidado y enfermo porque jamás solicitó ayuda de los gobiernos, ni honores de los hombres por su hazaña inaudita, que merecía el reconocimiento del pueblo y unas letras en bronce para su nombre, murió de dolor cólico, vieja dolencia que le hizo sufrir mucho y que se lo llevó a la tumba

El incendiario de la Puerta de Alhóndiga de Granaditas, se llamó Juan José de los Reyes Martínez Amaro, a quien apodaron el “El Pípila”, y cuyas actas de nacimiento y defunción se transcriben a continuación:

 “El presbítero Refugio Solís encargado de la parroquia de San Miguel de Allende, CERTIFICA en debida forma: que en uno de los libros del archivo de esta parroquia en que se asientas partidas de bautismos españoles, marcada con el numero 8 A fojas 80, frente, se encuentra una que al pie de la letra dice: Al margen Juan José Br. Castible. Al Centro. En el año del Ser. De mil setecientos ochenta y dos, a seis de enero. Yo, El Br..Dn. JUAN DE DIOS CASTIBLANQUE TUTE DE CURA bautice, puse óleo y crisma aun infante español de esta villa a tres de dicho mes y le puse por nombre JUAN JOSE DE LOS REYES hijo lexmo DE PEDRO MARTINEZ Y MARIA RUFINA AMARO FUERON PADRINOS FRANCISCO MARTINEZ Y ANDREA GONZALEZ a quienes dije su obligación y cogen.,  Y para que conste y lo firmé con el Sr. Cura.- Dr. Belmonte, Una Rubrica.- Juan de Dios Castiblanque .Una Rubrica Es copia fiel y literalmente sacada del original a que me refiero, San Miguel de Allende, 27 de enero de 1926.-J Refugio Solís .Rubrica.”

“Foja 275 del libro de Defunciones.1863.—Numero 622.Segunda Clase.—MARTINEZ JUAN JOSE.—En la ciudad de Allende, el domingo veintisiete de julio de mil ochocientos sesenta y tres, ante mi, el Juez del estado Civil, a las 11 de la mañana, presente Miguel Martínez, originario y vecino de esta ciudad , casado, obrajero de setenta y cinco, dijo que ayer falleció de un dolor cólico JUAN JOSE MARTINEZ, de ochenta y un años, hijo legitimo de Pedro Martínez y de María Rufina Amaro difuntos; e finado fue el que incendio la puerta del castillo de Granaditas en Guanajuato, en el año de la Independencia de mil ochocientos diez a quien le decían el Pípila.—En cumplimiento de la ley se registro este acto, siendo testigos Manuel Pérez y Antonio López, de esta ciudad, el primero de cuarenta y seis años, casado, y el segundo soltero, de veintisiete que no le tocan los generales de la Ley con el finado. Con lo que se termino esta acta, que se leyó al interesado y testigos, que manifestaron estar conformes; no formando por haber expuesto no saber. Haciéndolo conmigo el de asistencia. —Doy Fe. —Benigno Caballero. —Un sello que dice: Juzgado Inspector del Estado Civil. —-Allende, Gto.”.

Después de 129 años, en l939, el gobierno de Guanajuato, le erige un monumento del tamaño de su hazaña en cuyo pedestal se encuentra un pensamiento escrito que dice “Aun, hay otras alhóndigas que incendiar”, en el cerro de San Miguel, frente a la ciudad capital; y desde entonces Juan José de los Reyes Martínez Amaro, sigue de pie como los antiguos adalides de las gestas heroicas, en el pedestal inmenso de rocas vírgenes y su figura excelsa y colosal atrayendo la admiración de los visitantes que suben a ese peñón a contemplarlo de cerca  y admirar desde ahí a la ciudad alucinante que se extiende a sus pies.

Es importante no olvidar a un hombre que, aunque humilde su origen, fue grande su hazaña por lo que siempre vivirá su recuerdo, con admiración y respeto, por ser un “Héroe de la Independencia de México” hasta la posteridad.

“EL BARDO”    

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