La tuve tan cerca de mí, con sólo  levantar mis manos estando fuera de sí, pude haberle acariciado su rostro, besarle tiernamente cuello, mejillas  y frente. De Sur a Norte.

Estuve a nada de decirle lo que quizá muchas veces haya escuchado, porque su rostro y su cuerpo eso y más merecen, pero yo trataría de decírselo con palabras dulces y tiernas, sin el morbo que provoca su andar

Decirle, por ejemplo; “Observe, la luna me dice que en ella se refleja su silueta, pero sobre todo su hermoso rostro” tal vez eso nadie se lo haya dicho y ahora que lo repito y hasta entonces, me convertiría en su poeta favorito.

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