Escrito XV

Juan el Bautista, hombre común, de carácter fuerte, guerrero de vida, y castigador de injustos.

Juan el Bautista, hombre común, de carácter fuerte, guerrero de vida, y castigador de injustos.

Vivió y murió por amor a nuestro Padre, murió y vivió de nueva cuenta por la fe, y llegada del Ángel Supremo.

Anunciado fue, así como elegido de mi Padre, así como avisado por uno de mis hermanos, de su misión de perdonar y marcar el inicio. Dejó a su mujer e hijos por la gracia divina. Dejó su vida por la de otros.

Hermanos a sus alrededores, enseñaron a curar, así como a poder absorber los pecados por medio de la limpieza del agua.

Enseñaron a controlar sus impulsos, así como palabras puestas en su boca para guiar,

Juan Bautista, no sabía leer ni escribir, mas ignorante no era, ya que rápido aprendió por gracia divina de mi Padre, así como por ayuda de mis hermanos.

Todo era parte de lo próximo.

Dichosos los que entiendan.

Su legado perdura, sus bendiciones perduran, su tradición perdura, y su nombre perdurará.

Curó y sanó con la ayuda de la palabra de mi Padre, así como guió con ayuda de algunos de mis hermanos.

Rafael estuvo siempre con él, guío y habló con palabras que jamás han sido escritas y escuchadas.

Limpió impurezas, y fue el único hombre que perdonó y acepto los pecados y penas de otros, así como los adoptó como propios.

Aceptó llevar la carga de todos, así como de otorgar esperanza, antes de la llegada esperada.

Y aunque bautizo otorgaba a quien se le acercaba con fe y esperanza, jamás aceptó el bautizo por si mismo, y ningún hermano mío y sus legiones.

Rafael, mas de una ocasión, ofreció bautizo y el negó.

Él esperaba al Hijo de Dios, y solo por Él, quería ser bautizado y su fe podía mucho.

Rafael, solo reía y sus legiones solo admiraban la fortaleza de convicción de aquel hombre llamado, Juan.

En aquella tarde, iniciada apenas después de que el sol aprieta en calor, y en la que las aves y naturaleza toman fuerza, en medio de aquel riachuelo del río Jordán, se encontraba Juan, y como era su costumbre, parado con agua en sus manos, y rociando a aquella mujer que estaba hincada ante él, hablaba de la llegada del Hijo de mi Padre ante los reunidos aquella ocasión.

Y ante la mira atónita de los presentes, Juan, calló y alzó su mirada hacia la orilla del riachuelo, y con mirada de sorpresa y enojo, miró a aquel hombre, que solo sonreía y no paraba de observarlo.

Juan, con sus impulsos comunes, pidió a aquel hombre extraño, que explicara el motivo de su risa, así como pidiéndole su nombre.

A lo que aquel extraño contesto:

“vengo ante ti hermano, a que me des el agua que limpia errores, que me des el agua de mi Padre, la cual nos dice que nos ama, pero sobre todo, que me des el agua del perdón.”

“así mismo Juan, quiero todos esos pecados que solo tú cargas, quiero que des inicio a lo que debe de comenzar.”

Juan, al escuchar esto, agachó su mirada, y con alegría y vergüenza dijo:

“Padre, perdón pido por desconocerte, así como perdón pido por el atrevimiento de mi persona, en perdonar en tu nombre.”

Y Jesús dijo:

“No hay atrevimiento alguno, si con amor fue hecho.”

Y Juan respondió:

“Padre, y quien soy yo para bautizar al Hijo de Dios, mejor bautízame Tú, ya que aún nadie ha perdonado mis errores.”

Cristo miro y sonrió a todos, y con un silencio mínimo, contesto:

“Juan, solo tú eres tú, y como tal quiero ser bautizado, quiero ser bautizado por el hombre que perdona y otorga esperanza, así que levanta lo que tú solo sabes hacer.”

“Así como bautizado, bendecido ya has sido por mi Padre, perdonado por mi Padre y curado por mi Padre.”

Así, después de estas palabras, mis hermanos celestiales, los presentes, y yo, fuimos testigos del como Juan, hizo lo que siempre había hecho, ante los ojos de amor de todos.

Cristo, caminó dentro de aquel riachuelo, y arrodillándose ante Juan, con los ojos cerrados, comenzó a rezar y rezar.

Juan con una sonrisa se inclinó, y con sus manos tomo agua, y dijo:

“Hijo de Dios, semejanza de mi Padre, Rey de reyes, yo absorbo tus pecados y perdono tus errores, abre los ojos, y da inicio a lo que acaba de empezar.”

“Jesús, tu nueva vida ha llegado, así como tu vida anterior, a llegado a su fin.”

Jesús, levantó y Juan, tomó su rostro y le dio un beso en su mejilla, a lo que Jesús respondió tomando agua en sus manos, y tomándolo de la cabeza.

“Juan, tu trabajo esta a punto de llegar a su fin, mas siempre serás recordado, como el hombre que perdonó al hombre.”

Cristo, sonrió a los presentes, y antes de salir de aquel riachuelo, se dirigió ante nosotros, y nos dijo.

“hermanos, hijos míos, luces celestiales, apartar de ahora, solo serán observadores, y serán testigos de lo que he venido a cumplir,”

Y terminó diciendo.

“gracias”

Sonrió y empezó a caminar fuera del riachuelo.

Así, que en ese instante mis hermanos y yo cantamos, reímos y alegramos, porque el Hijo de mi Padre, había llegado a enseñar su palabra, por su propia boca.

A partir de ese momento, todos los mensajeros o ángeles como nos dicen, y todas las legiones celestiales, solo actuamos hasta que Dios Padre o Dios Hijo, nos lo piden.

Dichosos los que entiendan.

Después de esto, Juan el bautista, quedó en medio de aquel riachuelo bendito, sonriendo y esperando con ansias, lo que tenía que llegar.

Días después, Juan el Bautista ejecutado fue por la mujer de Herodes, llamada Salomé, mujer pecadora, que mandó asesinar al hombre que perdonó antes de, lo hizo, por despecho y por rechazo.

Ella moría por estar con Juan, así como moría por un perdón, el cual Juan, jamás le otorgó.

Más aunque cortaron su cabeza, también cortaron sus destinos.

Juan el Bautista, el hombre que perdonó al hombre.

El agua limpió, pero también fue testigo, de que el Cuerpo y Espíritu Santo, llegarían de nueva cuenta. Juan el Bautista, guiado hasta el reino de mi Padre, y mis hermanos sonriendo agradecieron.

Originally posted 2019-05-18 15:54:31.

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