Nadie entiende lo vivido hasta que falla o se convierte en un error, el coraje bajo, hace desentendernos del mundo que nos rodea, ocasionando una estima mínima tanto para uno, como para el que nos rodea.

No rindas jamás a lo mandado y mucho menos rindas a la vida, vida la cual tú tienes el control para hacerla crecer, o ignorarla.

Como reír con lo inesperado, cuando aun no se ha logrado comprender como uno quisiera.

No temas y sigue adelante.

Dichosos los que entiendan.

Parado frente a todos aquellos sabios en aquel templo, Iesus hablaba sobre el amor de vida y lucha de uno mismo, cuando aquel gran sabio de nombre Yesef, le preguntó para lograr un silencio de su parte y ridiculizarlo frente a sus compañeros.

“Dime tú, joven sabio, como interpretas la palabra de Dios.”

Y Iesus le contestó:

“La interpreto con sentimiento ajeno, es decir la interpreto hacia los demás, no para mi persona o conveniencia.”

Yesef ofendido por aquella respuesta con tono imponente le refutó:

“No malinterpretes tu juventud con tu insolencia, cuida tus palabras ofensivas, ya que jamás se ha intentado ocupar las palabras del creador para nuestra conveniencia.”

Iesus interrumpió aquellas palabras:

“Tú no malinterpretes tu sabiduría con tu gran soberbia, ya que si tu no estas dentro de las palabras que he pronunciado, no te las atribuyas a tu persona.

Y palabras ofensivas son mas las que dicen aquellos hacia la gente que sufre o necesita algo, disfrazándose de caritativos pero comportándose como reyes.”

“La palabra de mi Padre es para todos, no para unos cuantos, así que no deben temer en pronunciarlas tal y como son.”

Y Yesef de nueva cuenta habló.

“Nosotros las decimos como son, pero también enseñamos a entenderlas.”

Iesus contestó:

“eso suena bien, pero sonaría mejor si ustedes no enseñaran lo que ustedes a penas entienden, ya que cada palabra en cada uno se comportara de diversa forma.”

Todos los presentes en aquel templo, maravillados quedaron con las palabras que acababan de escuchar de aquel joven llamado Iesus.

El sabio mayor de nombre Dimateo agregó a los murmullos de todos los presentes:

“Joven Yeshua, es sorprendente tu sabiduría, filosofía, palabras y amor a Dios, pero ya es tiempo de cerrar esta pequeña casa de Dios.”

Iesus habló:

“así es maestro, tiene usted razón, ya es tiempo de partir, pero la casa de mi Padre jamás estará cerrada.”

Yeshua al terminar de hablar, dio la vuelta y abandonó aquel templo.

Al retirarse de aquel lugar, un menesteroso se acercó a pedirle denario, y Yeshua le dijo:

“Sin necesidad pides lo que no te hace falta, y con tus manos estiradas quedarás cuando en realidad lo anheles.”

El menesteroso le contestó:

“si no me quieres dar, no me des, pero no me ofendas por algo que no sabes”

y Iesus con una sonrisa marcada en su rostro le dijo:

“Se mas de lo que tu crees.

Se que pides denario con una mano estirada, teniendo fuerzas y mente para pensar en hacer otra cosa.”Dichosos los que entiendan.

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