Hoy quiero rendir un pequeño homenaje recordando a todas las mujeres que de una forma o de otra participaron en la defensa de México, desde tiempos de la conquista, hasta la revolución mexicana, no tan solo empuñando un arma, sin donando su sangre, hijos, esposos, padres y bienes materiales, así como lo económico, en una palabra todo por la defensa de su patria, y que lamentablemente pocos mexicanos sabemos, conocemos solo lo que las autoridades creen prudente recordar y publican, espero que al ir abordando los breves relatos de las mujeres ignoradas por la patria sirva como ejemplo de lo que como mexicanos tenemos la obligación cuando se trate de defender nuestro suelo patrio.

Empezaremos con la vida de Doña Rita Pérez de Moreno

La esposa del insurgente Don Pedro Moreno, tan poco conocida hasta hoy, ocupa, sin embargo, un lugar distinguido en la historia de la guerra de emancipación de México.

Nació el 23 de mayo de 1779, y en la pila bautismal recibió los nombres de María Rita de la Trinidad; fue hija legítima de Don José María Pérez Franco y de Doña Rafaela Jiménez; vio la primera luz en la Cañada del Cura, punto cercano a la villa de Lagos y que hoy lleva por nombre de Cañada de los Pérez, su padre era de familia acomodada y muy estimada en la sociedad Lagüense. No cumplía aún 20 años cuando contrajo matrimonio con Don Pedro Moreno y González el primero de mayo de 1799, en la misma hacienda de la Cañada, los nuevos esposos establecieron su hogar en Lagos y vieron correr tranquilos los primeros años de su matrimonio.

Cuando en 1814 Don Pedro resolvió lanzarse a la revolución escribió a Doña Rita desde la hacienda de La Sauceda, haciéndole presente su resolución y para decirle que “ella era libre en conciencia para seguirlo o para quedarse con sus hijos en Lagos o en San Juan de sus Lagos con su madre”; la señora que conocía el ánimo resuelto de su marido, no perdió el tiempo en quererlo disuadir de la resolución que había tomado y en cuanto a ella, declaró sin vacilar que con sus cuatro hijos correría la misma suerte que su marido, y para demostrar que a la resolución seguían las obras, fuese a la hacienda de las Saucedas donde se encontraba Don Pedro y se halló en el pronunciamiento de éste.

La campaña de Moreno duró tres años, seis meses y tuvo por teatro las escabrosas tierras de Guanajuato y de Comanja, especialmente ésta última donde el patriota insurgente estableció una fortaleza en el cerro del Sombrero, que tanta celebridad tiene desde entonces en las páginas de nuestra historia.

Doña Rita acompañó en todo este tiempo a su esposo sujeta a todas las vicisitudes de la guerra, y aunque nunc se le vio que empuñara las armas, ocupando, como su esposo, los lugares mas peligrosos del combate, estuvo siempre rodeada de inminentes peligros luchando sin cesar a favor de la independencia, con la inteligencia y el corazón, ora dando voces de aliento a los combatientes, ora curando las heridas de los soldados, ora proporcionando toda clase de auxilios a los moribundos y en todo caso comunicando a todos los que la rodeaban la constancia, la paciencia, la abnegación y el valor de que ella misma era un ejemplo vivo en las grandes contrariedades que se le presentaban.

Viendo Don Pedro y Doña Rita que su hija Guadalupe no podía estar sujeta a tantos sufrimientos por motivo por su pequeña edad (contaba con poco mas de dos años), resolvieron ponerla bajo a custodia del padre Don Ignacio Bravo que vivía en la hacienda Cañada Grande, algún tiempo después el expresado sacerdote fue reducido a prisión y la niña estuvo a punto de ser decapitada por un sanguinario realista; pero un compañero de este, Do José Brilanti, comandante de una guarnición de “Los Panzas”, se apiadó de ella y la retuvo en calidad de prisionera por espacio de mucho tiempo, sin que pudiera recuperarla Doña Rita sino después de muchos años.

En cierta ocasión en que Moreno tenía en su poder varios prisioneros realistas, el comandante Revuelta le propuso que fueran canjeados por la niña Guadalupe. Moreno no aceptó la proposición a la cual no opuso ninguna súplica la Señora Doña Rita, cuyas maternales entrañas naturalmente tenían que manifestarse interesadas en que se efectuara el canje. Así como tampoco manifestó empeño alguno en que su esposo aceptar el indulto que para el, la familia y todos los suyos le mandó ofrecer expresamente el brigadier Don José de la Cruz, por medio del Padre Vega, cuando este señor penetró con ese exclusivo objeto a la fortaleza del Sombrero.

Los cuantiosos bienes de fortuna que poseía el héroes lagüense consistente en la hacienda de la Sauceda, Matanza, el rancho Coyotes, una cas en Lagos y muchos semovientes, fueron decomisados por el gobierno virreinal, lo que indudablemente fue una herida para el corazón de Doña Rita Pérez que con aquel acto se veía reducida a la miseria, lo mismo que sus hijos, los cuales se verían privados de la herencia que justamente les correspondía.

Otro golpe y mucho más terrible a los anteriores fue para la señora Pérez de Moreno la trágica muerte de su hijo Luis, joven de 15 años, que murió combatiendo en la acción la Mesa de los Caballos, con un valor semejante al de su padre. Todavía el destino tenía reservados grandes reverses y atroces sufrimientos para la celebre matrona que, por haber aceptado causa tan arriesgada como noble, tendría que apurar hasta las heces la copa del dolor por la independencia de la patria.

A fines de julio de 1817 el brigadier Don Pascual Liñán puso sitio al fuerte del Sombrero con un ejército numeroso bien disciplinado, muy bien armado paras el feliz término de la campaña, los 17800 insurgentes encerrados en aquel estrecho recinto se batieron heroicamente y rechazaron al enemigo en os varios asaltos en los que éste estuvo a punto de franquear las murallas, pero diezmados por las balas, heridos en gran número de ellos respirando una atmósfera corrompida y envenenada por las emanaciones de mas de 400 cadáveres insepultos desfallecidos por el hambre, la sed, el cansancio y el insomnio; agotada toda la esperanza de triunfo, con la seguridad de que no recibirían ningún auxilio de los demás insurgentes pues varios habían sido los esfuerzos de mina y del Padre Torres para introducir víveres al fuerte, cuando “los niños, las mujeres y los hombres débiles, como dice Orozco y Guerra, habían perdido la fuerza y el sentido”; cuando unos lloraban y los otros sin vigor para mantener las armas corrían a todas partes como insensatos”; cuando la defensa del fuerte no podía absolutamente prolongarse, decidieron romper el sitio, fijando para llevar a cabo esa peligrosísima resolución, la noche comprendida entre el 19 y el 20 de agosto, ¡Y en medio de ese campo de horror y de extermino, de lágrimas y de sangre, que la guerra y el infortunio envolvieron con el fúnebre manto de la muerte por espacio de 20 días aparecía siempre llena de una paciencia, de una abnegación, de un valor nada comunes en su sexo, la celebre matrona Doña Rita que, a pesar de encontrarse en estado interesante, se olvidaba de si misma y de sus hijos para curar a los heridos, para auxiliar a los moribundos, para enjugar las lágrimas de tantos miserables!.

La salida se efectuó como a la media noche, con tan mal éxito que el ejército realista se dio cuenta del movimiento con la oportunidad necesaria, para herir a muchos de los insurgentes, matar un buen número de ellos y hacer prisioneros a la mayor parte, pudiendo atravesar las filas enemigas y quedar ilesos unos cuantos, entre los que no se contaba Moreno, Doña Rita y sus hijos ante la imposibilidad de atravesar aquel anillo de hierro que los rodeaba, retrocedieron al fuerte. Al tiempo de la ocupación del Sombrero Doña Rita tenía otros dos hijos que habían nacido durante la campaña; Severiano de dos años seis meses y Prudenciana que tenía un años y un mes, la señora estaba en estado interesante. En la mañana del 20 de agosto el ejército de Liñán comenzó a subir a la cumbre del Sombrero precedido por las trompetas, la matrona sentada en su casa con sus cuatro hijos, dos criados y dos criadas esperaban con ánimo varonil el destino de la providencia. Un oficial se presentó a Doña Rita y le dijo que por orden de Liñán le siguiera con todos los que con ella estaban y condujo a todos a un jacal que estaba en La Mesa de las Tablas donde estuvieron tres días vigilados por un centinela. En la tarde del 22 por orden de Liñán un oficial Castillo condujo a Doña Rita y a todos los mencionados para León. Todos iban a pie a excepción de los soldados que iban a caballo, la niña Luisa en los brazos de una criada y Severiano y Prudencia en los brazos de los soldados, al llegar a la ciudad fueron conducidos a la cárcel pública, donde Doña Rita sus cuatro hijos y sus dos criadas ocuparon una sal de escasa luz y de muy mala ventilación, que servía de capilla para los sentenciados a muerte.

A consecuencia de los muchos padecimientos físicos y morales al día siguiente de haber llegado a Silao murió la niña Prudenciana. A los dos días abortó Doña Rita. Al día siguiente recibió esta señor la orden de ser conducida a México para ser juzgada ella y Pasos contestaron que o se podía por el estado de enfermedad y de postración en que se hallaba, creyose que era ficción; vinieron dos médicos del ejército, la examinaron y dieron una certificación en forma de la realidad el hecho, a los dos días murió Severiano, que era la esperanza del pobre corazón de su madre, dejándola sumida en el dolor.

Cuando Doña Rita estaba en a prisión, fue Don Pedro que comprendió que necesitaba consolarla y le escribió una carta, de donde tomamos estas palabras que la historia ha recogido; “Un fondo de sufrimiento y de conformidad vale un mayorazgo y es la única felicidad que se puede disfrutar en la turbulenta época que nos ha tocado; ármate de tan fuerte escudo y todo será para ti llevadero”. En fin tan crítica y tan afligida la situación de Doña Rita en la prisión, que al tener conocimiento Don Pedro de los grandeza sufrimientos que laceraban el corazón de su esforzad esposa, se afligió sobremanera; y así se explica que aquel famoso guerrero que guardaba tanta seguridad en el combate manifestando en todas parte un valor temerario, no halla podido contener las lágrimas al saber la suerte que corría su infortunada esposa.

Pasaron algunas semanas y entonces, para colmo de su dolor tuvo la funesta noticia de que su esposo había muerto o a manos de los realistas, los cuales habían mandado colocar la cabeza del célebre insurgente a orillas de Lagos, en la parte superior de una asta de madera.

La señora Pérez viuda de Moreno estuvo presa hasta junio de 1819, tiempo en que fue a establecerse a la población de San Juan de los Lagos. Habitó la casa que heredó de sus padres, calle actual de México numero 21 hasta su muerte la cual acaeció el 27 de agosto de 1861, es digno recordarla al cumplir el bicentenario de nuestra independencia como una excelentísima heroína conocida como La generala Moreno.

Biografía tomada del libro “biografía de los héroes y caudillos de la independencia”  del autor Lic. Alejandro Villaseñor y V.”

Saludos El Bardo

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